Nutrición mental. Alimenta tus células desde la cabeza [1-4-17]

by post on 01/04/2017

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Nutrición mental. Alimenta tus células desde la cabeza

Sobra decir que comer bien, de forma sana y variada es una apuesta segura para una buena salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cerca de tres cuartas partes de las dolencias que padecen las personas están relacionadas con los hábitos alimenticios y, por tanto, una buena dieta puede servir como un sustento notable de una vida sin graves enfermedades, aunque, por otro lado, es sabido que la vida es una sorpresa continua y personas que hacen de la vida sana su seña de identidad terminan falleciendo antes que otras muchas que dedican el tiempo justo a atender a su cuerpo desde un punto de vista nutricional.

Cualquier médico, endocrino o nutricionista aconseja cumplir con esa pirámide alimentaria basada en los hidratos de carbono, seguida de las frutas, verduras y legumbres, de las carnes y los pescados, los lácteos, etc., sin embargo hay otras corrientes de pensamiento por algunos denominadas new age o misiticismo cuántico que tienen en cuenta  otros factores ajenos a la alimentación propiamente dicha pero que sí influyen en la ‘nutrición’.

‘¿Y tú que sabes? Dentro de la madriguera’ es un documental que cuenta con una década desde su publicación pero que no pasa de actualidad por las sorprendentes teorías que plantea, poco conocidas por la mayoría de los mortales en tanto que tienen a la física cuántica como su principal protagonista. En este film que fue toda una revolución, pero que algunos científicos han clasificado como pseudociencia, parte de sus protagonistas, profesionales, por otro lado, de reconocido prestigio, pretenden hacer ver que la salud no depende en todos los casos de la alimentación, incluso Joe Dispenza, bioquímico y doctor en Quiropraxia, pone en duda que los buenos hábitos alimentarios, si no van acompañados de unos buenos hábitos mentales, puedan surtir efecto en el organismo humano.

Explica que en el cerebro existe una parte llamada hipotálamo, a la que define como una especie de «minifábrica», un lugar en el que se reúnen determinadas sustancias químicas o péptidos que se corresponden con determinadas emociones, bien sean enfado, tristeza, sensación de víctima, lujuria… Según la visión que aporta al documental, en el momento en que el ser humano experimenta un estado emocional en el cuerpo o en el cerebro, el hipotálamo «ensambla» de inmediato péptidos a determinadas neurohormonas que se corresponden con los estados emocionales y los suelta por la glándula pituitaria en el flujo sanguíneo, siguiendo su camino hasta distintos centros por diferentes partes del cuerpo.

Candance Pert, neurocientífica y farmacóloga, fallecida el año pasado, sostenía que cada célula puede tener miles de receptores, que la abren al mundo exterior «de alguna manera». Cada péptido atraca en una célula, «como si fuera una llave que se mete en una cerradura; se coloca en la superficie el receptor y manda una señal a la célula». Así, el péptido encuentra los receptores y se pega a ellos, desencadenando una «tormenta» de reacciones bioquímicas, algunas de las cuales acaban con cambios en el mismo núcleo de la célula.

«Sin duda, todas las células están vivas y todas tienen conciencia, sobre todo si definimos conciencia como el punto de vista de un observador. Siempre está la perspectiva de la célula, que sabe qué proteínas fabrica. La célula es la unidad de conciencia más pequeña del cuerpo», decía.

A este respecto, Dispenza sostenía que las células le gritan al cerebro pidiendo la dosis de lo que sea, mandando impresiones a éste y generando la formación de imágenes. «Piensa en un motivo para sufrir y el cuerpo empezará a decirle al cerebro que no le llega la dosis química necesaria. Entonces el cerebro se activará y buscará una situación del pasado y transmitirá imágenes al lóbulo frontal. Nos provocamos situaciones que cumplen los antojos bioquímicos de las células y satisfacen nuestras necesidades bioquímicas», el problema es que si tendemos a la negatividad, nuestras células se alimentarán de ella, según la versión de estos profesionales.

En concreto, el bioquímico pone como ejemplo los experimentos con animales de laboratorio conectados a electrodos en algunas partes de su cerebro que producen neuropéptidos, sustancias «tan potentes» que al enseñar al animal a que apriete un tecla para lograr la liberación química, éste la escoge por delante del hambre, la sed o el sueño, «y de hecho, el animal sufre un colapso antes de preocuparse por él mismo. Esto es lo que el estrés provoca. Nos hace tan adictos a él que no podemos escoger; oscurece nuestra capacidad de decisión».

Por todo lo anterior, concluye que si se bombardea la célula con la misma actitud, y con la misma sustancia química una  y otra vez, cuando la célula se divide, la nueva tendrá más receptores para esos neuropéptidos emocionales concretos y menos receptores para las vitaminas, los minerales, los nutrientes y el intercambio de fluidos, o incluso para la eliminación de desechos y toxinas. Y entonces lanza la pregunta: ¿Realmente importa lo que comemos? ¿Tiene en realidad la nutrición algún efecto si la célula no tiene los receptores tras años de los abusos emocionales que recibe o dejan pasar los nutriente que necesita para estar sana?

Sin duda se trata de una visión cuanto menos curiosa, un tanto controvertida, y diferente a las propuestas de la mayor parte de los médicos y científicos, si bien merece la pena parar un momento a reflexionar sobre ella y pensar si, con independencia de esa supuesta nutrición mental, es necesario cambiar la actitud ante la vida. Para el bioquímico, cambiar, siempre que uno sea consciente de que su forma de pensar no le está aportando, significa que «tenemos que abandonar nuestro viejo yo. Significa que tenemos que dejar nuestra identidad atrás y hacer conjeturas sobre quiénes podríamos ser. Cambiar significa modificar nuestro comportamiento lo suficiente para que sea algo permanente».

Para él, «en el fondo», todo el mundo es un aventurero, «se trata sólo de dar el primer paso, porque la posibilidad anima a las células del cuerpo. Una historia futura las anima. Y si te permites el dilema y la posibilidad, cuando salgas de la madriguera serás diferente y la percepción del mundo no será la misma». ¿Cuál es tu visión del mundo? ¿Quieres cambiar? Cuida tu alimentación, pero no olvides alimentar también con positividad tu mente, por si acaso…

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